lunes, 23 de enero de 2012

DON JEAN LUC FARINE, 10 años de misión en el Chad

Don Lorenzo Bronz y Etiene, autor de este testimonio de gratitud y amistad

Etiene es un joven sacerdote Chadiano que vivió un año en nuestra parroquia de Mbikou como diácono…

año que testimonió su calidad de persona: hombre integro y generoso.

Pedí a Etiene, que compartiera un poco de su vida de ese año en la despedida de Jean Luc.

El momento de su lectura fue conmovedor y profundo…Y aqui se los compartimos.

Gracias Etiene! PYC

TESTIMONIO A DON JEAN LUC FAINE, sacerdote 'fidei donum' de la Diócesis de Lugano Suiza, quien sirvió 10 años en la misión de Mbikou, diócesis Doba, Chad.
Lorenzo y Jean Luc

La “Sagrada Familia” es el nombre de la Parroquia de Mbikou, de la cual durante diez años fuiste responsable de las almas; este nombre constituyó sin duda el soporte, el programa y la brújula de tu acción pastoral en colaboración con el Padre Lorenzo, del quien admiré el silencio y la dedicación infatigable a la misión.

A través de la preparación al matrimonio, los jubileos matrimoniales, las homilías dominicales plenas de experiencias concretas de humanidad y de hogar… tú querías que las familias de Mbikou vivieran como la Sagrada Familia de Nazaret… pero desgraciadamente, los hombres endurecen siempre el corazón!

Sin embargo, esto no quedará sin efecto y la historia tarde o temprano dará testimonio.

Fuiste amigo incondicional de las personas vulnerables, cercano a los enfermos y a las personas desgastadas y cansadas de la existencia. Tú les mostraste compasión y atención pastoral a través de visitas sencillas y reconfortantes, sosteniéndolas espiritual y moralmente.

Me enseñaste la importancia de ser cercano a todos, especialmente a los más necesitados, a todos aquellos abandonados por los pastores “ocupados” hasta el punto de olvidar que Cristo sufre y mendiga el consuelo en los ancianos. Ellos, tenían el derecho a la visita a domicilio, a la comunión eucarística y a los sacramentos que reconfortan, especialmente la unción de enfermos y a la reconciliación.

Los jóvenes y los niños eran familiares para ti, sabías educarlos con tu sencillez y cercanía. Me gustaba cuando caminabas entre sus casas, esos paseos sorpresivos, discretos y muy significativos,… los jóvenes y los niños te descubrían… y con gratitud y orgullo de conocerte gritaban: JEAN LUC! A lo que respondías NDUJI! (que en Ngambay significa HARINA y que es tu apellido, en francés: Farine).

Me enseñaste a llevar, como tú, el peso de la miseria humana bajo la cual sufre el Ngambay, el Chadiano, en una palabra el hombre negro.

Decías que ERA UN MISTERIO… delante de los innumerables casos de acusación de brujería que condujeron inocentes a una muerte pagada, una muerte deseada por un tercero, un suicido involuntario al que obligaba el poder tradicional.

Me encantaba tu sentido del humor y tus bromas… recuerdo en las asambleas diocesanas o en las reuniones cuando mezclabas lo divertido con la verdad… lo que tocaba el corazón y lo transformaba.

Hoy quiero llamarte PADRE, jefe del taller de reparación espiritual, “recuperador de vocaciones” porque para ser honestos, tú ayudaste a tantas vocaciones sacerdotales cuando ellas eran “dudosas” Que Dios te bendiga por tu medicina pastoral!

Sin mentir también te puedo llamar PILAR DE LA DIOCESIS DE DOBA y eso se ve a través de las múltiples responsabilidades diocesanas y nacionales.

Tus iniciativas pastorales eran siempre participativas: NUNCA FUISTE UN MISIONERO PATERNALISTA, lo digo con el alma y conciencia; tenías horror a las personas con espíritu de dependencia. Tu camino era el camino hacia la verdadera toma de responsabilidades.

Las obras que dejas nos hablan de un Hombre gran visión (compra y delimitación de terrenos en la parroquia y en los sectores, creación de la cooperativa popular y de una escuela comunitaria parroquial).

Una última, y la más preciosa cosa que yo admiro en ti, es tu vida de oración, la fidelidad a la recitación de la liturgia de las horas, a la meditación cotidiana, a la adoración eucarística a las tradiciones litúrgicas… marcando siempre los tiempos… ahí bebías la sabiduría y la fuerza para tu vida de sacerdote de Jesús.

Hoy nos dejas, dejas a tus queridos parroquianos los “mbikujé”, a tus queridas hermanas, a tus hermanos sacerdotes, a tus amigos y conocidos.

“Dejar”… esta palabra suena mal a los oídos de los amigos íntimos!

Pero irse es necesario y todos debemos irnos un día de un lugar a otro, de una vida a otra, y finalmente, irse es un denominador común de todo misionero, de todo hombre.

Buen viaje hermano, amigo y padre Jean Luc!

Vuelve pronto, no te tardes!

Etienne.

Mbikou, 16 de enero 2012

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