domingo, 1 de noviembre de 2009

EL PRINCIPITO HA VUELTO !

Sin duda alguna has leído el célebre cuento de Saint-Expéry: “EL PRINCIPITO”, donde encuentras la siguiente frase “Si yo poseo un pañuelo, me lo puedo poner al rededor del cuello y usarlo...”, dice el Principito al hombre de negocios que se sentía posedor de las estrellas. Verdaderamente no se puede uno imaginar a este personaje sin su pañuelo en el cuello.El verano pasado en el centro parroquial organizamos un campamento para 40 niños cuyos padres fallecieron a causa del SIDA. Paula nos contó con detalle esta experiencia en uno de los artículos pasados, ahora sólo quiero presentarles al más pequeño del grupo cuyo nombre es “Destin” (Destino en español) es todo un personaje de 8 años de edad, que por la desnutrición parece de 6.
El primier día llegó solo, muy puntual a las 7:00am, con shorth, playera a rayas... y sin nada más en las manos, mientras que los demás traían un cambio de ropa en una bolsa de plástico o un pedazo de tela para cubrirse por la noche,... pues bien, para nuestro pequeño ya era mucho que trajera sandalias nuevas de 500Fr (10 pesos). Al iniciar los repartimos en equipos y les dimos una pañoleta a cada uno para distinguirlos... a nuestro amiguito le tocó estar en el equipo del fular rojo. Desde el primer momento se le vio feliz de tener “algo nuevo” y de “su propiedad”: se lo puso en el cuello buscando la mejor forma de acomodárselo, lo lució muy limpio toda la semana, ya que en el horario había tiempo para lavar la ropa y como les dimos jabón... y al no tener otra cosa, él se ocupaba de lavar su pañuelo rojo. En una de las noches que un papá invitado les contaba cuentos de la tradición, él se entretuvo con el fular como media hora, poniéndoselo de diferentes formas, ya en la cabeza, ya en el cuello, haciendo triangulo con los pies, lo doblaba, lo planchaba con las manos, lo desdoblaba en su pecho... En un momento de descuido se lo escondí. Qué momento de angustia para nuestro “Principito”!... como lo "bautizamos". Cuando lo volvío a tener entre sus manos inmediatamente se lo puso en el cuello, volteo a verme con “ojos matadores” y me regalô una sonrisa de satisfacción por tener nuevamente su querida prenda. Para nuesto "goi-goi" (pygmeo/hombre pequeño: en lengua ngambay) fue una semana de felicidad, porque además de su fular, comío tres veces al día, tenía juguetes para los momentos de recreación, herramientas para trabajar como los grandes y mucha ilusión de bordar su mochila de costal para ir a la escuela. Una semana después del campamento todavía portaba su pañoleta y la enseñé una tarjeta del Principito con su pañuelo rojo... al verlo dijo “waï” (palabra ngambay que expresa asombro ante algo extraordinario), el maestro que estaba ahí me hizo la traducción con la misma cara de asombro del pequeño, ni tardo ni perezoso me pidió la tarjeta ... en ese momento vinieron a mi mente las últimas palabras de Saint-Exupéry en el Principito: “...si algún día viajan por Africa, en el desierto. Y si llegan a pasar por allí, les ruego: no se apresuren; esperen un momento, exactamente debajo de la estrella. Si entonces un niño se acerca, se ríe, si tiene cabellos de oro, si no responde cuando se le pregunta, adivinarán quién es. Entonces, sean amables. No me dejen tan triste. Escríbanme enseguida, díganme que el Principito ha vuelto...” Verdaderamente es lindo contemplar las estrellas en el Chad y encontrarte con la sonrisa de un niño que no te responde, aunque tenga los cabellos color de oro, pero por la desnutrición.
No sé si sea el mismo Principito del cuento, pero en todo caso, este pequeño me ha domesticado y creo que el autor de este hermoso cuento estará contento por mi hallazgo.
Hasta la próxima! Maritza
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