sábado, 14 de marzo de 2009

CUARESMA EN EL CHAD

Para contarles como viven la cuaresma los Cristianos en el Chad, encontré este artículo rico en detalles y en fidelidad a la realidad del P. Ismael Piñon, misionero comboniano que trabajó en el Chad y que ahora es el actual director de la Revista de animación misionera de España “Mundo Negro”. Tuve la suerte de compartir con él en unas reuniones de la Comisión Diocesana de Medios de Comunicación y es un padre A TODO DAR. Espero les guste Paula =)
Chad:
Camino hacia la Pascua. "... Os llevaré al desierto" por P. Ismael Piñón,“Mundo Negro” No 527 Marzo 2008
Cada año, los cristianos de Chad dejan sus casas y sus poblados y se adentran en la sabana para hacer su retiro de Cuaresma, un encuentro que marcará todo el año y al que se sienten muy apegados. No en vano es el acontecimiento por excelencia en la vida de las comunidades cristianas. Cuando llega la Cuaresma, algo bulle en las comunidades cristianas de Chad. Cada año, por estas fechas, los cristianos se van a la “brousse” (el bosque) para pasar tres días meditando, orando y buscando caminos nuevos de vida renovada, para preparar así la gran fiesta de la Pascua. Sin duda este año van a ser diferentes. La guerra y los acontecimientos de Yamena a primeros de febrero marcarán las catequesis, las reuniones y los momentos de oración. No será necesario evocar situaciones de muerte, porque la muerte y la sinrazón están presentes casi a diario en la vida de los chadianos. Si la situación lo permite –no sería la primera vez que se suspenden a causa de la inseguridad–, pasarán tres días en mitad de la sabana, a solas con Dios, haciendo memoria del largo peregrinaje de Israel a través del desierto.
Una larga preparación
Ya en el mes de septiembre, cuando se hace la planificación del curso, la comisión diocesana de catequesis empieza a moverse. Lo primero que hay que buscar es el tema. Un año es el compromiso con la acción social; otro, la reconciliación y la convivencia; otro, la autofinanciación. Siempre se busca un contenido que vaya acorde con la realidad que están viviendo la diócesis y las comunidades eclesiales de base en ese momento. Una vez escogido el tema, la comisión se pone manos a la obra: textos bíblicos, testimonios, catequesis, dinámicas de grupos… Lo importante es que el contenido pueda llegar a todos, ya sean mayores, jóvenes, adultos o niños. Después vendrá la ardua tarea de traducir todos los textos a la lengua local, porque si algo es fundamental en Chad es la lengua. La mayoría de los retiros se realizan en zonas rurales, donde buena parte de los cristianos no conocen el francés, la lengua oficial. Gracias a la ayuda de un equipo de traductores locales, con largos años de experiencia en la materia y una buena formación catequética y pastoral, todos los textos estarán traducidos a tiempo para que puedan ser leídos y preparados en cada parroquia. Una vez que los textos llegan a las parroquias, los respectivos equipos pastorales convocan a los catequistas que se encargarán de animar los tres días de retiro y se hace, literalmente, el retiro con ellos. Es la mejor manera de que se metan de lleno en el tema, que lo asimilen al máximo para luego poderlo transmitir a los destinatarios. Son tres días de preparación intensa, en los que se mira hasta el más mínimo detalle. Como los retiros se realizarán en zonas alejadas de los poblados, en plena sabana, hay que pensar en todo: quién va a preparar la comida, quién irá a buscar el agua, cómo serán las celebraciones litúrgicas de cada día y muchas otras cosas prácticas, como el lugar de los encuentros o dónde se va a colocar la capilla improvisada para los momentos de oración. El último día de la preparación se hace un calendario. Puesto que las parroquias están divididas en varios sectores de unos diez poblados o comunidades cada uno, es importante que cada sector pueda tener su propio retiro. Se suele hacer un sector cada semana, aunque en algunas parroquias en que el número de sectores es muy elevado no queda más remedio que hacer dos.
En Chad, la Cuaresma y la Pascua coinciden con la estación más calurosa, justo antes de que comiencen las lluvias, cuando el aire húmedo y el bochorno tormentoso son más duros de soportar. Es cuando más sufre el misionero, pero también cuando más feliz y lleno de vida se siente, porque es una experiencia rica, intensa, llena de la Palabra de Dios y del compartir con la gente lo más profundo de sus vivencias y de su fe.
Cuando llega el día fijado, todos los cristianos se dan cita en el lugar marcado para el retiro. Normalmente suele ser al pie de un gran árbol, alejado varios kilómetros de cualquier poblado o zona habitada y siempre cerca de un río o un pozo. El agua es fundamental. Van a ser tres días alejados de todo, en plena sabana, durmiendo en el suelo con un impresionante cielo estrellado como único techo. Es una dinámica que les dice mucho, por lo iniciático, por la salida al bosque, el estar “fuera”, como la salida de Jesús al desierto.
A medida que el sol se va tornando de un rojo fuego va llegando la gente. Es un goteo constante que continúa incluso cuando el sol ya se ha puesto. Algunos caminan varios kilómetros para ir al lugar fijado. Llegan cansados, se lavan los pies, comen algo y se tumban en sus esteras para descansar del largo camino realizado. Al amanecer empezará el retiro, acontecimiento que muchos de ellos llevan esperando desde que se terminó el del año anterior.
Tres días intensos
Cuando apenas empieza a verse el resplandor del amanecer en el horizonte, los cristianos empiezan a levantarse. Lo primero que hacen es saludarse unos a otros, porque la noche anterior no pudieron verse. Ya han llegado todos, incluso la vieja Elena, una anciana ciega y coja que, a pesar de faltarle una pierna, todos los años recorre los dos kilómetros que hay desde su vieja choza hasta el lugar del retiro. Suele llegar tarde, cuando ya ha anochecido. Aunque la noche no es obstáculo para ella, porque sus ojos viven en constante oscuridad, caminar por la sabana con una sola pierna no es fácil. Es la primera en levantarse por la mañana y lo primero que hace es ir a saludar al sacerdote: “Bom, m’isi ne; Mbay to maji” (Padre, ya estoy aquí; Dios es bueno). Mientas tanto, algunos catequistas han preparado ya un pequeño rincón con pajas trenzadas que servirá de capilla improvisada, donde se colocará un pequeño copón bien cerrado conteniendo el Santísimo. Desde ese momento, el Señor estará en medio del campamento, acompañando a la gente como lo hizo con el pueblo de Israel durante su travesía por el desierto.
Tras la oración matinal y un vaso de té a modo de desayuno, comienza la jornada. El catequista va desgranando poco a poco los contenidos de la catequesis preparados en la parroquia. Habla siempre en lengua local. Pregunta, la gente responde, se dialoga, y de vez en cuando piden al Padre o a la Hermana que aclare algunos puntos. La primera catequesis consiste en hacer ver a los cristianos la necesidad de compaginar fe y vida, de hacerles comprender que el Evangelio no es un conjunto de ideas, sino una serie de valores que deben empujarnos a transformar nuestra vida, allí donde estemos. Durante las primeras catequesis del retiro, se trata de ayudar a la gente para que descubra cuáles son las cosas que no funcionan en la comunidad, en el barrio, en el poblado o en la parroquia. “Nuestros niños enferman a menudo de diarrea y no tenemos dinero para llevarlos al dispensario”, afirma una madre. “¿Y por qué se enferma?”, pregunta el catequista. “¿No será porque el agua de tu pozo está sucia?”. Un hombre levanta la mano y pide la palabra. Se lleva mal con su vecino porque un día sus cabras entraron en el campo de mijo que había sembrado con mucho esfuerzo. Desde entonces no se hablan y él no se siente feliz. Da la casualidad de que el vecino está también en el retiro y corrobora la historia afirmando que él no puede estar todo el día pendiente de sus cabras. “Vamos a leer la Biblia, propone el catequista, a lo mejor la Palabra de Dios nos puede ayudar a encontrar una solución”. Se leen algunos textos bíblicos y luego se da un tiempo para que cada uno se busque un rincón apartado y pueda tener un rato “a solas” con Dios y consigo mismo. Como estamos en plena sabana, no hay problemas de espacio, salvo el de encontrar un árbol o arbusto que ofrezca un poco de sombra. El pequeño rato de oración individual va siempre seguido de un momento de oración en común, en el que cada uno presenta con libertad y espontaneidad su oración al Señor. Tras la oración, una breve pausa y pasamos a la segunda catequesis. Después, la comida, un pequeño reposo que algunos aprovechan para darse un baño en el río y, por la tarde, la misma dinámica: catequesis, oración personal, oración en común. Así se pasa el primer día.
La segunda jornada sigue la misma dinámica, pero dando un paso más. “Hemos visto nuestra realidad, nuestros problemas, empieza diciendo el catequista. También hemos escuchado la Palabra de Dios que nos ha iluminado y orientado. Hoy tenemos que dar nosotros una respuesta”. ¿Qué podemos hacer? ¿A qué nos comprometemos para que nuestra fe cristiana tenga realmente repercusiones en nuestra vida cotidiana? ¿Qué nos está pidiendo el Señor? Éstas u otras preguntas se ponen por escrito para que cada comunidad eclesial de base las responda desde su propia realidad. Tras la oración personal y comunitaria, cada comunidad eclesial de base se retira a un lugar tranquilo para buscar una respuesta. Cada grupo debe regresar con un compromiso que será puesto por escrito para ser llevado a cabo durante el año. Al llegar la noche, todo se transforma. En torno al altar, sobre el que está expuesto el Señor flanqueado por dos lámparas de petróleo, la gente se postra para hacer su adoración. El cielo estrellado y el silencio de la sabana, alumbrados tenuemente por la luz de las lámparas, crean un ambiente hermoso, íntimo, en el que uno apenas puede ver al que está a su lado, pero se siente en presencia de Dios y de la comunidad. Es uno de los momentos más intensos del retiro. Alguna mujer entona suavemente un canto que los demás siguen, también de forma suave, como para decirle a Dios, sin molestarlo, que su pueblo está a sus pies, que le quiere rendir homenaje y ponerse en sus manos. Surgen espontáneamente oraciones por la paz, pidiendo perdón, de alabanza, de acción de gracias… Cada uno va desgranando con sus palabras los sentimientos del corazón para ponerlos en manos de su Señor. Al final, un Padrenuestro y todos a dormir. Una enorme alfombra de estrellas servirá de techo protector hasta el día siguiente.
Día de fiesta El último día es muy especial. Las mujeres se levantan muy temprano para irse a lavar al río y acicalarse como si fuera un domingo. Hay que ponerse elegante porque se va a celebrar la Eucaristía de conclusión del retiro; una Eucaristía muy especial. Tras el té del desayuno, se ultiman las conclusiones del día anterior para que los compromisos adquiridos por cada comunidad queden bien claros. Luego viene el momento de la reconciliación: primero con Dios y luego con los hermanos. Son necesarias dos horas o más para hacer las confesiones. En ocasiones, dependiendo del sector, son cerca del centenar de personas para apenas dos sacerdotes. Todos se confiesan, porque todos quieren regresar a casa con el corazón limpio y el espíritu alegre. Pero no hay prisas; en África nunca hay prisa, las cosas importantes requieren su tiempo porque hay que vivirlas con toda su intensidad. Después, y de una forma sorprendentemente espontánea, se piden perdón unos a otros. Atrás queda el problema de las cabras que se comieron el mijo. Los antiguos adversarios se dan la mano en público y se comprometen a no volver a pelearse. Los aplausos y los “yuyús” (gritos de las mujeres) festejan y hacen de rúbrica a la reconciliación. La Eucaristía, celebrada de manera festiva como si fuera ya el domingo de Pascua, pone el broche de oro a tres días intensos, llenos de la presencia de Dios. Los cristianos han vivido su retiro y regresan al poblado cantando, orando, con el corazón lleno de alegría y la fe renovada. Ahora hay que poner en práctica lo vivido. Nos espera todo un año de esfuerzo, hasta el próximo retiro.
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MISION EN EL CHAD (presentado en la celebraciôn Jubilar de las HPSSC)

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