sábado, 22 de septiembre de 2007

El tiempo en el Chad: Tiempo de estar

Desde pequeños nos enseñan a utilizar bien el tiempo: expresiones como: “aprovecha el tiempo”, “el tiempo es oro”, “no me alcanza el tiempo” etc, nos hacen valorar su importancia para nuestra vida.

Cuando se llega al Chad, se constata que la gente no corre, avanzan “tranquilamente” por la calle; mientras los misioneros nos precipitamos por llegar puntual a la Iglesia, los chadianos “toman su tiempo” y si uno los apresura, se interpreta como: la “hermana está enojada”.

Es como si existiera la “imposibilidad de ir más rápido”.

Después de un tiempo de convivencia con ellos, se comprenden las razones de esta “lentitud”, por ejemplo cuando el calor rebasa los 40°, un peso terrible se extiende sobre la espalda, se sienten ganas de hacer nada, la resistencia disminuye, la transpiración asfixia. Entonces moverse lentamente, caminar lentamente ayuda al cuerpo a economizar fuerzas.

La lentitud no solamente es por el clima, existe una concepción de la rapidez, de la lentitud y de la jornada diaria: Esta historia de su tradición oral nos ilustra bastante bien :

« EL CAMALEÓN Y LA LAGARTIJA » :

Cuenta que Dios, viendo la tristeza de los hombres ante el acontecimiento de la muerte, envió un mensaje con el camaleón para decirles a los hombres que: de la misma manera que la noche no triunfa sobre el día, la muerte no triunfaría sobre la vida, la lagartija escuchó desde su escondite y queriendo quedar bien con Dios corrió a la tierra, congregó a los hombres y dio este mensaje : “Dios dice que, de la misma manera que la noche triunfa sobre el día, la muerte triunfará sobre la vida”… los hombres aceptaron este mensaje. Para cuando llegó el camaleón, ya nadie podía creer en el mensaje que anunciaba; entonces los hombres se vieron condenados a sufrir muerte y oscuridad a causa de la “rapidez” y precipitación de la lagartija que cambió el sentido del mensaje enviado por Dios a los hombres. Ellos dicen que las malas noticias llegan rápido, ya que vienen montadas sobre las lagartijas, en cambio las buenas noticias llegan despacio como el buen camaleón.

La jornada diaria, no es considerada como una sucesión de horas, minutos, etc., sino como una sucesión de acciones o acontecimientos más o menos importantes, por ejemplo : las mujeres, muy temprano, van al pozo para proveerse de agua y para esto hay que hacer « cola », después algunas van al mercado para vender algunos de sus pequeños productos caseros (huevos, sorgo, frijol, pasta de cacahuate, aceite, condimentos, etc.), hacen sus compras para el día, pocas cosas se pueden almacenar ya que además de no haber refrigerador, al “guardar” un poco se corre el riesgo de perderlo, porque una vecina lo pedirá ”prestado” y en el Chad se dice que “prestar es dar”.

Otras mujeres salen al campo a buscar la leña que transportarán sobre la cabeza hasta su casa; esto les puede tomar toda la mañana. Después comienzan los preparativos para la comida: moler sorgo, encender fogón, cocinar la tradicional bule y la salsa… esto toma al menos dos horas… y es solamente entonces, que la comida tendrá lugar (en general los chadianos comen una sola comida fuerte al día, sin importar la hora, pueden ser las 4, 5 o 6 de la tarde!).

En la estación de lluvias, el tiempo es tomado por el trabajo de campo, todo el mundo va a los campos para cultivar, los misioneros no podemos programar nada que les distraiga de esta labor; las cosechas deberán asegurar la subsistencia de la familia para todo lo que resta del año; no lloverá durante 8 meses y la tierra se endurecerá como piedra. El trabajo comienza antes de que salga el sol, antes de mediodía una siesta en el campo abajo de un árbol de generosa sombra, un buen puñado de cacahuates para recuperar fuerzas y hasta que el sol camine al poniente, y sea más clemente, se podrá emprender el camino a casa para prepararse de comer.

Después viene la angustia de proteger sus campos sembrados, de las vacas de los “mbororo”, noches de zozobra y paludismos continuos, hasta la alegría de la cosecha, con el fatigante trabajo de golpear las espigas para guardar la semilla. Durante los meses de sequia el tiempo será para el trabajo de confeccionar o renovar la casa de adobe, el techo y el cerco de paja trenzada.

Con este trabajo tradicional llega el trabajo escolar. La escolarización no es parte de la tradición, no es parte de su costumbre, en el campo va a la escuela quien quiere. Para muchos jóvenes la escuela es el medio para escapar a la dura vida del campo y a lo mejor con la esperanza de encontrar un trabajo en una dependencia del gobierno. Las nuevas generaciones, que asisten a la escuela se ven obligadas a adoptar un horario, pero fuera de ese espacio institucionalizado, todo lo demás es “normal”, la posición del sol indica la actividad.

Cuando habiendo organizado un encuentro a temprana hora y estando todos avisados, llegan a media mañana, o en la tarde o de plano no llegan… se les pregunta el motivo de retardo o la ausencia, ellos responden que en el camino aprovecharon y visitaron un amigo o el mercado… y una serie de respuestas que dentro de su lógica de tiempo, tienen razón y es importante.

Hay gente que ya comienza a usar el reloj… pero más como un adorno “moderno”, que un instrumento para favorecer la puntualidad.

En los cursos a catequistas y animadores, es largo el tiempo para ver el pizarrón, tomar apuntes, siendo necesario repetir y repetir lo mismo, para que, como dicen ellos, la enseñanza “llegue hasta el vientre”. Uno no puede reclamar: “se los dije ayer” o “en la mañana”, “hace 5 minutos”, ”la vez pasada”, … de nada sirve. La repetición no es pérdida de tiempo. Nos decía un paisano misionero comboniano: “Hay tres virtudes que todo misionero que trabaja en el Chad debe tener, cultivar y rezar para que Dios se las regale: la primera: la paciencia, la segunda: la paciencia y la tercera : la paciencia… y no es broma.

Si los días son ritmados por las actividades cotidianas, el año es ritmado por las fiestas: nacionales y religiosas, de la cual la más importante es la del duelo: cuando toda “la vida se detiene”. Familia, amigos más o menos cercanos, todo el mundo se da cita en casa del difunto. Simpatía para algunos, para otros es la ocasión de estar juntos, y porque no, de comer gratuitamente durante algunos días. Lo mismo cuando hay un enfermo, la vida cotidiana se suspende, el tiempo se detiene, se sacan los tapetes bajo las sombra de los árboles, todo el mundo sentado, los vecinos se encuentran, pláticas interminables, bromas, risas, proyectos, historias, se comparte la vida sus angustias y alegrías. A veces la queja contra el misionero es: “quisiera venir a platicar con usted, pero siempre está trabajando”. En África lo primordial: son las relaciones humanas.

Los chadianos tienen una noción del tiempo diferente: no como carrera a correr, con actividades múltiples eficaces y productivas, donde pareciera que la vida es medida por la importancia o la cantidad de actividades a realizar.

El chadiano busca estar:

  • En simbiosis con el clima: el sol implacable 8 meses del año, lo calienta de mañana y cuando se acueste, la vida se detendrá. Cuando la luna salga otra vida comienza, y entonces hay danzas y tam-tams acompañando los cantos. La lluvia de julio a agosto es considerada una bendición, no importa los daños materiales que las inundaciones puedan acarrear, gracias a ella se podrá cultivar y habrá que comer todo el año.

  • En simbiosis con las costumbres fijadas por los ancestros. Cuando ellos dicen: « no es la costumbre » hay un gran significado. Detrás de la “costumbre” están los ancestros invisibles pero bien presentes. La “costumbre” es también expresión de una sabiduría que asegura la vida, esta vida que para nosotros no es humana ni digna, cuando vemos la dureza y las dificultades de su entorno.

  • Finalmente en simbiosis con los hermanos de etnia, de raza, con los amigos… y aquí entramos los misioneros, que intentamos caminar con ellos, y acompañarlos en este encuentro con Jesucristo en la Iglesia. Lo importante de este “tiempo” no es el trabajo productivo y eficaz, sino las relaciones que establezcas.

Paula Yapur Corral HPSSC Chad, África Central.

Septiembre 2007

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