martes, 3 de abril de 2012

DE SANDALIAS Y DE COQUETERIAS

Un respirito en este caluroso mes de marzo que acabó y da comienzo al calor encendido de abril acompañado de los tórridos vientos del desierto que hacen volar arena por kilómetros, cubriendo el sol hasta por tres o más días (como el harmatán).

No crean que al tardarnos en actualizar el blog sea por “pereza” de escribir… NADA DE ESO!, hay mucho que comunicar,… sucede que el internet no siempre funciona y pues no nos queda otro camino que… la paciencia!… hasta que este “chirimbolo” (como lo llamo yo) funcione y nos deje también subir fotos.

Este artículo lo tenía en el bolsillo desde hace unos meses, solo que por los trajines de la misión estaba guardado en la “alacena” e iba publicando según el “ordinario” de nuestra misión.

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Entre los niños ngambay, después del protocolario saludo… su discreta y curiosa mirada se posa sobre las sandalias (propias y ajenas)… qué significado tiene esto?

Un gesto espontaneo de “involuntaria competencia”, para ver si el otro tiene sandalias “diferentes a las mías”.

Los precios de las sandalias ordinarias son por demás conocidos… así que lucir sandalias “diferentes” es de “mucho caché”. Claro que si estas van acompañadas de ropa “nueva o limpia” el efecto es “avasallador”…

A la inversa, o sea buena ropa y sandalias viejas, nop, “el competidor no está a la altura”, no “cuadra”, no hay competencia. Como si las sandalias (estilo o color) agregaran algo a la personalidad…

Queriendo aplicar un correctivo a los traviesos niños que brincaban la barda de la misión o que subían a los arboles… descubrí que recogerles sus sandalias era de lo peor que podía sucederles y el mejor antídoto para “sentenciarlos” o poder hablar con padres (quienes vendrían a pedir las sandalias que “el niño olvidó en la misión”) .

Por demás, descubrí también que, si quieres hacer llorar a un niño ngambay escóndele sus sandalias… aunque estén viejas o desgastadas. Me imagino todas las reprimendas de los papás en caso de “perdida o robo”.

Mi intención no era hacerlos llorar, era dar un mensaje : “toma en serio lo que te estoy diciendo, te puedes lastimar y no participo en tu juego de “atrápame si puedes”, por favor no te burles de mi”.

Los Ngambay de todas las edades son “burlones” y en su lengua llegan a decirte muchas cosas en doble sentido que solo ellos comprenden, dejando al margen al extranjero como un “bufón despistado” lo cual les da más risa aun.

Así pues, como el papá del hijo prodigo pidió a los sirvientes “calzar los pies de su hijo” como un signo de su dignidad recuperada, los dejo con este mosaico de sandalias, en las que sus propietarios ven algo más que un accesorio para caminar… sandalias convertidas en sillas, en mesa, en proyectil, en carrito, en guantes, etc… Hasta la próxima, con cariño Paula.

FELICES FIESTAS DE PASCUA!!

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