domingo, 8 de mayo de 2011

UN AMIGO SE HA IDO: Monseñor José Ma. Izuzquiza H., SJ

Es una pena dar a conocer personas maravillosas cuando ya no están con nosotros. De todas maneras, aprovecho esta página para contarles de alguien especial que dejó huella en mi vida.

Si un amigo es un tesoro… un amigo en el Señor es una GRACIA.

Monseñor Izuzquiza con Mary,... una providencial escala de 6h en México rumbo a España que les permitió encontrarse en 2009

Ha sido una gracia conocer a Monseñor José Ma. Izuzquiza y trabajar con él entre 1990 -1998.

Cuando le conocí, era el Obispo del Vicariato San Francisco Javier del Marañón de Jaén, Departamento de Cajamarca, Perú.

Hombre sencillo y austero, no tenia Obispado, vivía en un cuarto de la casa parroquial de Catedral. Como era electricista de profesión (además de Máster en Física) su pequeña habitación estaba dividida en tres: oficina, recamara (con un foco dentro de una lata como lámpara de cabecera) y al fondo su espacio de trabajo (fierros, cables, desarmadores, pinzas etc.)

Reparaba de todo: la radio diocesana “Radio Marañón”, los micrófonos y aparatos de la Iglesia, los grupos electrógenos, la luz solar para las comunidades religiosas y para las parroquias, la radio que en aquel tiempo era el único medio de comunicación entre las parroquias y Jaén.

Faltando poco para sus 75 años y su retiro, mandó construir el Obispado para su sucesor; el hermano Arsenio SJ, dirigió la obra. Recuerdo que Monseñor fue al Muyo a buscar un tronco para la cruz de la nueva Capilla del obispado y encontró la caja de un radio que arregló para hacer el tabernáculo.

Con la hermana Edith Guzman

Una de sus prioridades fue el centro de catequistas del Vicariato, ahí dejó vida y corazón. Me contó que para su realización lo ayudó una religiosa amiga suya y hermana nuestra, Edith Guzmán. Organizaron formaciones y actividades en promoción del pueblo. Consideraba a los catequistas “su brazo derecho”, pues le faltaban sacerdotes para cubrir el territorio de su vicariato. Le dolía profundamente cuando los sacerdotes o las religiosas no dábamos testimonio de consagrados.

Fue también el periodo en que Sendero Luminoso y MRTA hacían violentas incursiones en las poblaciones; cuando Monseñor se enteraba de la presencia de un grupo terrorista en alguna localidad de su vicariato donde había religiosas, se desplazaba inmediatamente para acompañarlas.

Celebrando sus 50 años de Jesuita

Hombre de Dios, su energía y fuerza espiritual las transmitía en lo cotidiano. Los momentos difíciles lograba hacerlos llevaderos con su estupendo sentido del humor. Tenía la palabra acertada para hacer brotar la sonrisa.

Cuando quiso mejorar el libro: “Ministro de la Palabra” donde venían los textos y las reflexiones evangélicas que facilitaba la animación dominical de los catequistas, se lo encargó a su vicario, el Padre José Luis Idígoras, SJ, quien al poco tiempo murió de un infarto, después le pide este servicio al P. Rolando López,SJ, rector del seminario a quien le detectan un cáncer fulminante. Para cuando se lo pide al Padre Benjamín Crespo, los dos bromeaban, Monseñor decía: “ya me da miedo pedirle ese trabajo a alguien, todos se me mueren!”.

Atendía y escuchaba con paciencia y cariño a las personas que lo buscaban. Amaba a los niños y gozaba de verlos felices. Cuando llegaba a algún pueblo, los niños corrían a saludarlo, los subía en su camioneta y los paseaba por las calles. Casi siempre traía caramelos en sus bolsillos para regalarles.

En Jaén, acompañé un grupo de 50 acolitas, realizábamos actividades para colectar dinero. Monseñor era el primero en participar. Cuando de España le regalaron unas albas se las proporcionó a las niñas para que tuvieran su alba “larga” (pues querían acolitar en short!). Ellas pedían servir en la Misa del Obispo pero los acólitos varones, no las dejaban. Monseñor se las arregló para que se acomodaran los roles y horarios y ellas pudieran acolitar.

Un ecologista comprometido: cuando querían cortar los cedros y romerillos de los bosques de San Ignacio, ofreciéndoles plantar eucaliptos y darles moto sierras; los catequistas y campesinos se opusieron y los encarcerlaron. Monseñor denunció esta injusticia y escribió una carta abierta al presidente, en aquel tiempo Fujimori. Defendió hasta el final a los campesinos y luego de sacarlos de prisión, les acompañó a San Ignacio donde los esperaban sus familias. Este gesto fue premiado… pero sinceramente creo que faltaron muchos más reconocimientos a su compromiso con los pobres.

Me gustaría seguir escribiendo más experiencias y recuerdos hermosos que tengo de Monseñor Izuzquiza,… tal vez en un futuro hasta un libro, por ahora solamente quería compartir con ustedes la alegría de haber conocido a un santo.

Un recuerdo cariñoso a la compañía de Jesús, especialmente a las comunidades de Jaén y Lima, a los padres Miguelón, Benjamín Crespo y Sixto de Chontali; si leen esto, se darán cuenta de lo mucho que queríamos a Monseñor, de lo significativo que fue para nosotros y de lo mucho que aprendimos con su vida y testimonio.

Dios les siga acompañando a todos y a cada uno en la misión que El les ha confiado.

A mis hermanas que están en la misión del Perú, especialmente a la madre Martha Lucia Villalobos, comparto con ustedes los sentimientos de pena ante el fallecimiento de nuestro pastor y amigo.

Mons. Michel Russo, Obispo de Doba y el padre Jean Luc Farine, párroco de Mbikou, celebraron eucaristías por él. Jean Luc, conoció el año pasado a Monseñor Izuzquiza en Miraflores, cuando salió de su cuarto me envió un mensaje: “conocí y estreché la mano de un gran y santo hombre”. Y ahora me dijo: estamos orando por él, con la certeza de que ya está con Dios, pidámosle que ahora interceda por nosotros, los misioneros de Doba.

Gracias Zaida por comunicarnos el fallecimiento de Monseñor Izuzquiza, que Dios te bendiga.

Unámonos en una oración de gratitud por Monseñor y su hermano Santi, vidas entregadas a Dios y a los hermanos en la Compañía de Jesús.

Que Dios y a María nos abran los ojos para que podamos reconocerle.

Felices Pascuas!.

Un abrazo.

Monseñor Izuzquiza descanse en paz.

Mary Ortiz,

Maybombay, Diócesis de Doba, Chad.

28 abril 2011

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Un día de 1989 viajaba con Monseñor Izuzquiza de Chontalí a Jaén. Platicábamos de la gente, del camino, del clima, mezclado a algunas anécdotas… de repente se me ocurrió preguntarle…

--Paula: Oiga Monseñor y cuál es la máxima de su episcopado?

-Mons. Izuzquiza al volante me mira sorprendido: Por qué preguntas eso?

--Paula: No tiene mucho que profesé y el jesuita que nos dió los ejercicios me invitó a buscar una “máxima” que me identificara y fortaleciera, que me diera rumbo y consolación… y como un flash me llegó “PERMANECED EN MI AMOR”. Después caí a la cuenta que los obispos, como los pontífices, ponen en sus escudos máximas en latín que marcan la ruta de su obispado… y yo no he visto ni su escudo ni su máxima.

-Mons. Izuzquiza sin soltar el volante me miro como si fuera hacer una confesión, elevó sus blancas cejas y dijo con sencillez: “LOS POBRES ME HAN EVANGELIZADO”

--Paula: GUAU! Eso es fuerte!

-Mons. Izuzquiza volviendo los ojos a la ruta: Toda una experiencia y todo un camino!

--Paula: Me gusta

-Mons.Izuzquiza: Si,… qué bueno!… a mi también!

Nos reírnos… y después le siguió un sabroso silencio… de bondad y paz.

Nunca vi su escudo, ni la máxima escrita… pero lo vi VIVIRLO con pasión y autenticidad.

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Monseñor Izuzquiza muere en Lima, Perú, el 26 de abril a la edad de 86 años

---------------------------------------- Gracias Monseñor por tu vida y testimonio.

Gracias Mary por esta semblanza llena de cariño y admiración!

Paula ')

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