sábado, 4 de diciembre de 2010

Esperando…

Iniciamos Adviento … y las señales de Dios discretas

y bien presentes en nuestro cotidiano.

Esta mañana, mientras repartíamos la taza de atole a los niños de nuestra escuelita de paja… llegó el abuelito de Felicidad (Felicité en francés), se acercó a nosotras (con la habitual tranquilidad chadiana al caminar) levantó la mano izquierda con su bastón para quitarse el sombrero y nos saludó con respeto y cariño. Sentí su mano fría y áspera…pero a la vez su gesto transmitía calidez y ternura. Su nombre es Jean Nangnodji (Juan tierra generosa).

El papá de Felicidad, abandonó a la mamá cuando estaba embarazada y a su muerte en el parto…quedó a cargo de sus abuelitos maternos.

Fue el abuelito quien dio el nombre de Felicité Larhadjim (el dinero que me salva) haciendo referencia a la dote (dinero) que se recibirá cuando la nieta se case. No hay avaricia en este nombre… es más bien el deseo de verla llegar al matrimonio y de ser apoyado por la niña cuando esté lista para ello. Mientras tanto el abuelo (quien quedo viudo el verano pasado) se desvive por su pequeña.

Conocí al señor porque alguien me contó de “un viejito” que en temporada de mangos se pasaba el día con bastón en mano cuidando su árbol de mangos… frutos que vendía en el mercado para comprar algo de comida.

Un día, lo encontré sentado a la puerta de nuestra casa… le di la mano y al quererlo ayudar a ponerse en pie su agilidad me ganó y no sentí nada de peso a levantar. En ngambay me dijo que le dolían los huesos y que ya no resistía el trabajo del campo.

Lo invité a pasar y le compartimos un plato de lentejas con arroz y un diclofenac para su dolor. Estaba agradecido. Venía a completar el pago de la escuela y se alegró cuando supo que a la niña se le había dado un premio por sus calificaciones y que no debía nada. Maritza le invitó a que comprara ropa para la pequeña… sin pensarlo mucho tomé el dinero y me comprometí a buscársela… el viejito sonrió y asintió compartiendo el temor de gastarlo en otra cosa. Lo equivalente a 2 dólares! En el mercado de Moundou le encontramos un vestidito y un pantalón con suéter… todo por menos de 10 dólares.

Volviendo a nuestro encuentro de esta mañana…después de saludarnos, el abuelito se sentó tranquilamente a la sombra de un ronier (palmera saheliana) y se puso a contemplar a los niños… aceptando sin problema la tierra que levantaban con sus juegos.

El mensaje de Dios era claro y la imagen bella. No resistí la tentación de correr por mi cámara fotográfica y capturar el momento para podérselos platicar.

Adviento, creer y esperar… la esperanza de ver a su Felicidad convertida en mujer, … esa esperanza lo sostiene, le da motivos para vivir y para creer.

Creemos porque esperamos

y porque esperamos

seguimos creyendo!

Vivamos este tiempo en la ternura de Dios!

Hasta la próxima! Paula

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