lunes, 25 de febrero de 2008

Mi nuevo Parroco

Cuando lleguê a Maybombay encontrê a mi nuevo Parroco: Ernesto Vivas Mateus, sacerdote colombiano del Vicariato de Puerto Gaitân, Vichada. Cuando se le conoce, lo primero que destaca es su impecable sonrisa, su agradable trato y su laaaarga barba... por ella los ngambay le llaman “el profeta”, los musulmanes “hombre respetable” y algunos sonrîen ante la semejanza con Ben Ladem... cuando se lo dicen, se acicala la barba y sonrîe aûn mâs. En este artîculo nos cuenta su vocaciôn misionera y la reacciôn de su familia y amigos. Agradezco su participaciôn en este blog. Paula : ) Foto de P. Ernesto con su Obispo Mons Alberto Rozo
-Desde que entrê al seminario, empecê a conocer la vida de la Iglesia y su dimensiôn misionera. Descubrî que toda la Iglesia es misionera, pero se destingue la misiôn ad gentes. Empecê a leer revistas y a escuchar testimonios de sacerdotes y de misioneros. Fui conociendo Africa y me empecê a ilusionar con este continente. Todavîa no sabîa si iba a ser sacerdote o no, estaba empezando el camino, pero ya querîa ser misionero en Africa. En mi ingenuidad, desde mi entrada al seminario, pedîa a mi Dios que me regalara, algûn dîa, la oportunidad de trabajar y compartir mi vida con los africanos. Cuando me ordenê sacerdote, por gracia de Dios, me lo propuse como una meta mâs concreta y fui pidiendo a Dios que me regalara la experiencia, despuês de un tiempo de servicio en mi vicariato de Puerto Gaytan. Si en el seminario mi formaciôn transcurriô a lo largo de nueve años, yo pedîa a Dios me regalara 10 años de mision. Para mi Africa es un anhelo de nacer de nuevo, algo que, a mi juicio todos tenemos. En Colombia hay lugares de misiôn ad gentes y muchas necesidades; en el Africa, busco una nueva luz, compartir mi fe desde la humildad y la sencillez, en el encuentro con la sencillez de los africanos. Quiero conocer a Jesûs con rostro Africanoy seguir caminando en la conversiôn hacia El, desde la semilla de la fe que me ha regalado, desde mi cultura, mi familia y mi Vicariato. Conocî a Mons. Russo a travês de los combonianos en un curso de misiôn ad gentes, les contê mis sueños, pero sin compromiso; tambiên por una prima que colabora con ellos en el programa de radio “Minuto de Dios”; fui compartiendo la inquietud y avanzando en el proceso. Por fin pude hablar con mi obispo, Mons. Alberto Rozo, quien me dio vîa libre para hacer un enlace misionero, justamente cuando Mons. Russo visitaba Colombia. Nos entrevistamos y se hizo mâs concreta y real la oportunidad de la misiôn en Doba. Al principio mi familia y mis amigos me decîan que para quê salir a otro paîs? si aquî habîa trabajo y se estaba mejor compartiendo con ellos, Por quê a un lugar tan lejos, tan feo, con pobreza y enfermedades, sabiendo que quiza no nos volverîamos a ver? Incluso piensan que uno estâ castigado, porque se tiene esta idea de que en el sacerdocio uno va ascendiendo y haciendo carrera.... pero despuês, gracias al diâlogo y convivencia, van llegando a comprender que este paso es natural y normal en una perspectiva de fe. En cuanto a mi mamâ, ella actûa como Marîa; no entiende mucho, pero dice sî y da la bendiciôn a su hijo, a “mi chinito”, como ella dice. Mis compañeros sacerdotes algunos contentos dândome ânimo, otros fijândose en mis debilidades me dijeron: “Usted en tres meses estarâ aquî, usted no aguanta”. Me alegra, me hace reflexionar y dar sentido a esta vida que exige cuidado y perseverancia. Mi obispo ha sido un pastor, muy amigo, muy hermano. En un principio sabîa que tenîa esta inquietud, nos mirâbamos, reîamos, intercambiâbamos palabras. Despuês cuando las cosas fueron mas concretas, me decîa: “En Vichada tengo un Africa pequeña para usted”... ya cuando las cosas se fueron dando, êl me apoyô en todo, incluso fue al aeropuerto a despedirme...como pastor del vicariato me envîa al Chad como representante de Puerto Gaytân y de la Iglesia Colombiana. Y asî me siento yo: enviado y retado a responder y a crecer mucho mâs. Estoy disponible, muy agradecido con Dios, seguro de su bendiciôn asî como de la bendiciôn de todo un pueblo, mi familia, mi vicariato, mi Colombia. Confiado en que con la bendiciôn de Dios todo saldrâ bien. Que no nos dê miedo vivir el Evangelio: tener siempre actitud de apertura, de disponibilidad; abrirnos al amor de Dios, asî viviremos confiados, sin preocupaciones, Dios no estorba a nadie. Dios lo que hace es embellecernos. Fuera de Dios no hay nada, FUERA DEL AMOR DE DIOS NO HAY NADA!. P. Ernesto Vivas Mateus Sacerdote Colombiano Fidei Donum Parroco de Maybombay Diôcesis de Doba, Chad, Africa Central
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MISION EN EL CHAD (presentado en la celebraciôn Jubilar de las HPSSC)

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